El 7 de agosto tendrá lugar en Nueva Delhi el primer Diálogo América Latina-India. Este será seguido por el primer Diálogo América Latina-China en Pekín. La delegación latinoamericana será encabezada por el Canciller de Chile, Alfredo Moreno, en representación de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC), que Chile preside. Lo acompañarán representantes de Cuba y Venezuela, los otros integrantes de la troikadel CELAC.

A primera vista, esto podría parecer un ejercicio diplomático más. No hay grandes crisis ni cuestiones conflictivas entre la región y los dos gigantes asiáticos. Sin embargo, estos diálogos constituyen todo un hito. Con ellos, el nuevo regionalismo latinoamericano toma por las astas el desafío de la globalización y formaliza lazos con los polos de crecimiento de la economía mundial.

En un mundo aun afectado por los “coletazos” de la crisis financiera, el dinamismo de Asia y de América Latina son la excepción. Los crecientes flujos comerciales y de inversión entre ambas regiones evidencian el vigor de las relaciones Sur-Sur. Entre 1997 y 2007, el comercio chino con la región se decuplicó, llegando a los 102.000 millones de dólares. Entre el 2000 y 2009, el comercio de India con la región se multiplicó por ocho, llegando a los 20.000 millones de dólares. Como indica un estudio reciente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el comercio entre Asia y América Latina creció a un 20,5 % anual desde 2000 a 2011. El comercio entre ambas regiones llegó a 442.000 millones de dólares en 2011. El comercio con Asia representa hoy un 21% del comercio exterior de la región. El comercio con Estados Unidos un 34%. A este ritmo, el mercado asiático pronto superará al de los EE UU. Ello ya es así para las economías más dinámicas, como Brasil y Chile, que comercian más con China que con el país del Tío Sam.

Mas allá del comercio, estos diálogos abren una nueva etapa, más política y estratégica. Reflejan la diversificación de las relaciones internacionales de la región, otrora confinadas a América del Norte y Europa Occidental. Parte del progreso en la región en la última década se debe al comercio con China e India. El crecimiento de un 5% anual de 2003 a 2008, el más alto en cuatro décadas, fue alimentado por la insaciable demanda por materias primas provenientes del Asia. Los ingresos de moneda dura provenientes de este boom le han permitido a países como Argentina, Brasil, Chile, Perú y Colombia pagar sus deudas, aumentar sus reservas de moneda dura y enfrentar con éxito la crisis financiera.

China ha acaparado la atención. En el 2011 el comercio entre China y América Latina llegó a los 234.000 millones de dólares. Al lado de ello, el comercio con India, de 25.000 millones de dólares en 2011, parece algo menor. Sin embargo, no hay que engañarse. Aunque con atraso en relación a China, el comercio con India también está creciendo a pasos agigantados. Se espera que llegue a los 70.000 millones de dólares en 2015. Según varias proyecciones, el crecimiento de India superará al de China para 2020, y la población india será mayor que la china para 2030. India pasará a ser el país más poblado del mundo.

Esto no ha pasado inadvertido. El número de embajadas latinoamericanas y caribeñas en Nueva Delhi ha aumentado de 12 en 2003 a 18 hoy. El número de visitas presidenciales a India, que apenas llegó a 10 entre 1947 y 2000, fue de una docena entre 2000 y 2011. En los últimos veinte años ha surgido una Nueva India, potencia informática y telemática, espacial y nuclear, que está cambiando la división internacional del trabajo y que ha aplanado al mundo. Aquellos que la ignoran, lo hacen a su propio riesgo.

El gran desafío de las relaciones entre la región y China e India es avanzar hacia un tipo de intercambio económico distinto al actual. Hoy por hoy, los países de la región venden petróleo, cobre, aceite de soja, hierro y otros recursos naturales, y compran automóviles, maquinaria e insumos industriales y todo tipo de artículos de consumo. En otras palabras, un clásico patrón de comercio Primer Mundo-Tercer Mundo, en que América Latina, con niveles de ingreso y de desarrollo socioeconómico superiores a los de China e India, hace de Tercer Mundo. Esto es insostenible en el mediano y largo plazo. Algunos han señalado que la demanda china e india por materias primas estaría impulsando la desindustrialización de la región. Como todo boom, el de las commodities va a llegar a su fin. ¿Qué va a ocurrir entonces?

Las empresas latinoamericanas, particularmente las multilatinas, deben focalizarse en las especificidades de los mercados de los gigantes asiáticos y producir para ellos. La clase media india llega a los 300 millones de consumidores. Es clave también incorporarse a las cadenas de producción industrial en el Asia, que es lo que han hecho con gran éxito los países de ASEAN.

Asia es “la nueva Europa”. Estos diálogos del CELAC con India y con China abren una nueva etapa en las relaciones entre América Latina y Asia.

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